jueves, noviembre 26, 2009

¿Durará el dinero destinado para la jubilación tanto como usted?

Informe de Fidelity sobre los cinco riesgos a tener en cuenta en las inversiones para la jubilación.

Casi nadie siente lástima por los agraciados con un premio de lotería que reciben su dinero y, después de embarcarse en un frenesí comprador, se dan cuenta de que su fortuna no ha durado tanto como esperaban. La mayoría piensa que con un poco de previsión, este dinero llovido del cielo podría gestionarse cuidadosamente para que durara toda la vida, e incluso más.

¿Por qué, entonces, son tan pocas las personas que dedican tiempo a planificar su jubilación para que el dinero que han apartado dure tanto como ellos? Cada vez son menos los trabajadores que pueden esperar unos ingresos garantizados y constantes durante su jubilación. En lugar de eso, tendrán que vivir de los réditos de sus inversiones en planes de aportación definida y complementar sus ingresos con cualquier otro capital que hayan acumulado durante su vida laboral. Sin embargo, si se pone todo el énfasis en acumular activos durante la vida laboral, existe el peligro real de que los recién jubilados caigan en la trampa del ganador de loterías y no consigan reunir los medios necesarios para una jubilación que podría durar décadas.

Ni que decir tiene que el mayor riesgo al que se enfrentan las personas es no ahorrar lo suficiente. Pero incluso si un inversor ha solventado esta cuestión y se jubila con un capital considerable en un fondo de pensiones de aportación definida y otros activos de inversión, existen en nuestra opinión cinco riesgos que amenazan a los trabajadores actuales con una jubilación de privaciones.

El primero es la longevidad. Sí, todos sabemos que cada vez vivimos más años, pero ¿la gente es consciente de las implicaciones reales? La cuestión se aclara al echar un vistazo a algunos datos rotundos: la mitad de los hombres que se jubilan con buena salud puede llegar a vivir otros 22 años y llegar hasta los 87. Una cuarta parte de ellos vivirá hasta bien entrados los 90 años. La mitad de las mujeres de 65 años que gozan de buena salud llegará a los 90 años. Para una mujer que se jubile a los 60, eso significa una jubilación de 30 años viviendo con una pensión que suele ser menos generosa que la de un hombre de edad similar. La respuesta reside en ser realista acerca de cuánto puede durar la jubilación y ceñirse a una estrategia de inversión que tenga en cuenta todo el periodo.

El segundo riesgo, la inflación, se ve amplificado por el primero. Durante estos largos periodos de tiempo, el incremento de los precios puede constreñir un flujo saludable de ingresos hasta convertirlo en un goteo exiguo. El debate actual sobre la inflación está muy equilibrado. Por un lado, tenemos el hecho de que la recesión ha acabado con la presión inflacionista del año pasado. Por otro, está el ingente gasto gubernamental y el crecimiento imparable de las economías orientales, que están alimentando la llama inflacionista otra vez.

En cierto modo, el debate sobre la inflación es irrelevante, ya que incluso los incrementos moderados de los precios dañarán gravemente las carteras de inversión. Con el objetivo de inflación del 2% del gobierno británico, por ejemplo, 50.000 libras valdrán casi un 40% menos (30.477 libras) dentro de 25 años*. Para algunas personas jubiladas, especialmente las que gastan más que un hogar medio en facturas de electricidad y gas, la inflación puede ser un gran problema. En el caso de otros pensionistas, sus gastos disminuirán a medida que vayan siendo menos activos, pero aún así, se debe prever la inflación en la planificación de las inversiones.

La asignación de activos es, a la vez, un riesgo y una solución para los problemas de la jubilación. La progresión natural en la transición hacia la jubilación es reducir el riesgo de una cartera y centrarse en la generación de ingresos. Esto es lo correcto, pero excederse y adoptar una postura demasiado defensiva puede ser tan perjudicial como seguir siendo demasiado ambicioso. Mantener algunos activos de crecimiento en una cartera para la jubilación puede parecer chocante, pero a menudo es la forma en que un inversor puede impulsar su cartera durante una larga jubilación. Una estrategia sensata de asignación de activos deberá buscar el equilibrio entre la necesidad de generar ingresos constantes, la de preservar el capital y la de incrementarlo suficientemente —el combustible para la generación de ingresos— durante todo el periodo de jubilación.

Si no se consigue suficiente crecimiento, el inversor no tendrá más remedio que echar mano de su capital y encontrarse de frente con el cuarto riesgo: el riesgo de retirada. En este punto, volvemos a nuestro imaginario ganador de la lotería. En pocas palabras, si el inversor retira demasiado capital de su cartera, ésta no durará toda su jubilación.

Aunque el principio general es simple, decidir qué cantidad retirar regularmente de una inversión para la jubilación es bastante más complejo. El valor de la cartera, la duración prevista de la jubilación, las necesidades de renta por encima de la pensión y la rentabilidad de la inversión son variables importantes de la ecuación. En los modelos estocásticos, que tienen en cuenta la rentabilidad real de la inversión en lugar de simples ejemplos arbitrarios de tasas de crecimiento, se ve claramente que cada 1% adicional sobre la cantidad retirada borra varios años de vida de una cartera*. Las personas que se aproximan a la jubilación tienden a pensar que su pensión cubrirá todas sus necesidades de ingresos, por lo que la mayoría de jubilados no saben cómo o cuánto retirarán de sus inversiones para la jubilación.

Obviamente, pese a todos los modelos y toda la planificación bienintencionada del mundo, los jubilados necesitan ingresos que sean al menos iguales a unos gastos que a veces se descontrolan. Aquí es donde entra el quinto riesgo: los gastos médicos a largo plazo. Aún reconociendo, como indiqué anteriormente, que algunos gastos disminuyen a medida que van pasando los años de jubilación, para algunas personas estos gastos aumentan por los problemas de salud y los correspondientes costes médicos a largo plazo, que están aumentando más rápido que la inflación. La mayoría de las personas que viven con el suficiente desahogo como para buscar asesoramiento financiero también viven con el suficiente desahogo como para no poder optar a cuidados médicos prolongados financiados por el estado. Esto supone para muchas personas un lastre financiero enorme en un momento en el que sus reservas de capital son reducidas.

Dejar de trabajar con activos suficientes para vivir la jubilación con salud y felicidad es para muchos la recompensa a décadas de esfuerzo. Sin embargo, esas personas deberían dedicar tantos esfuerzos a planificar la larga vida que les aguarda a sus inversiones de jubilación como los que realizan para acumular la riqueza que da lugar a esos activos. No tomar las medidas adecuadas antes y durante la jubilación puede dar al traste con todo el buen trabajo hecho acumulando activos. Así pues, no cometan los errores de nuestro ganador de lotería imaginario y asegúrense de que sus clientes están preparados para una larga y placentera jubilación.

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